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COLUMNA: CLARA EDWARDS Y SU VIDA EN TORNO AL VESTUARIO Y LA MODA

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Decidí estudiar Diseño de Vestuario apenas descubrí q existía la carrera. Al principio quería estudiar diseño o arte y cuando descubrí Diseño de Vestuario, me di cuenta que mezclaba todo lo que me gustaba; desde chica disfrazaba a las muñecas, arreglaba a mis amigas para las fiestas… el embellecer era algo que me encantaba y lo tenía muy claro desde chica, pero no sabía que existía una carrera así.

Era muy porra en el colegio, me iba pésimo y apenas entré a la Universidad el año 2001 me hice adicta a los “7”, no podía creer que fuera a un lugar a aprender todo lo que me gustaba. Me mataban todos los ramos, lo pasaba demasiado bien, pasaba de largo. Me transformé en otra persona y me fue súper bien. Incluso salí súper destacada de la carrera en la Universidad del Pacífico, que lamentablemente ya no existe. Fue una experiencia preciosa, me la gocé.

Desde que empecé a estudiar, yo sabía que quería hacer algo propio. Nunca me imaginé trabajando para un retail, sabía que iba a ser mi propia jefa, que iba a tener una marca personal. Mi carrera duraba cuatro años y medio, y a los cuatro años tuve la oportunidad de irme a Buenos Aires a hacer unos cursos de producción de moda y complemento del Diseño de Vestuario como lencería, maquillaje, peinados, vitrinas, zapatos, etc. Ahí descubrí el tema del asesoramiento de imagen y cómo a través del vestuario, yo podía equilibrar el cuerpo. Hice toda mi tesis inspirada en las tipologías de cuerpo; por ejemplo, las mujeres que tienen los hombros muy grandes, lo equilibras con las caderas. Y en esto he basado mi carrera hasta el día de hoy: en mis colecciones puedes encontrar prendas para todos los tipos de cuerpo, cuando hago cosas a pedidos como novias o madrinas, también trabajo en base a sus tipologías de cuerpo y basados en ellas.

Apenas salí el año 2006, formé “Santa Clara” y comencé haciendo colecciones. Me casé el 2007 y me hice mi vestido de novia… lo que fue el puntapié inicial para meterme en ese rubro. Lo de las novias fue totalmente casualidad, nunca imaginé que iba a hacer vestidos de novias, ni siquiera me lo había planteado ni sabía que existía el rubro. La verdad, casi todo en mi carrera me ha llegado por casualidad, nada me lo he planteado. A veces me preguntan “cuál es la misión y visión de tu empresa” y la verdad es que no tengo; se ha ido construyendo paso a paso y sin querer queriendo, nada me lo he preestablecido.

Me hice mi vestido de novia porque cuando me pidieron matrimonio yo era enana y dije ‘cómo no me voy a hacer mi vestido si soy diseñadora de vestuario y la gente debe esperar eso’. Me lo hice con una costurera de mi abuela y causó sensación. Para la época fue bien rupturista porque era corto adelante y más largo atrás. En el mismo matrimonio me salieron dos novias que me pidieron que yo les hiciera sus vestidos y me convencieron. En ese proceso descubrí que era un nicho ultra ultra necesario. No había mucho en el mercado; existían diseñadores grandes como Luciano Brancoli o Rubén Campos, que en realidad estaban un poco pasados de moda o tiendas que lo único que quieren es venderte vestidos y no están ni ahí que te veas preciosa. Sentí que estaba esa necesidad y me lancé. El 2007 partí con el tema novias.

Nunca, nunca, desde que partí he dejado de hacer colecciones. Me fui a vivir a Londres el 2009 por dos años y medio y desde allá igual seguí haciendo colecciones que mandaba a Chile. Ese tiempo no fueron tan constantes, me demoraba más en hacerlas, la venta era más lenta porque yo no estaba, pero fue el únio momento que no seguí la constancia que llevo ahora.

Siento que en mi carrera paras dos segundos y se olvidan de ti. Es non stop, un poco agotador y entretenido a la vez. Me gusta eso de que tengo como alguien “corretéandome” por atrás, pero al mismo tiempo es agotador porque por ejemplo no me puedo dar pre ni post natal. Paras 3 meses y ‘¿quién era Clara Edwards? ¡No me acuerdo!’ En un momento, me aburrí de lanzar colecciones cada seis meses, otoño-invierno, primavera-verano porque siempre llegaba tarde. Prefiero ir a mi ritmo. Y al final determiné que no tienen temporada, lanzo cuando se me da la gana, cuando la termino. Ahora son más atemporales, incluso lanzo más que antes. Estoy lanzando al menos 4 colecciones al año, cada dos o cada seis meses. Hago una colección grande al año -en general en abril-, y después más chiquititas cada 3 meses aproximadamente.

Creo que la clave para que algo te resulte, poder compatibilizar tu vida, la maternidad y a la vez emprender, en mi caso es amar extremadamente lo que haces. Creo que si no extra amas lo que haces día a día, entre todo lo agotador que es emprender, tener 3 niños, más ser mujer, no me la podría. A veces digo ‘sabis qué más, no puedo’. Muchas veces me pasa que siento que me supero, pero veo los frutos este año (salí elegida entre las 100 Mujeres Líderes) y me da un shock de energía. Ahora mis niños están más grandes, van a mis desfiles, les cuentan a sus compañeras que hago ropa, que les hago vestidos de princesa a las mujeres. Siento que se ha complementado todo tan bien, que logro hacerlo y realmente estoy enamorada de lo que hago y enamorada de mi familia.

Cuando decidí tener a mi primer hijo, vivía en Londres y con mi marido pensamos que lo que decidiéramos, tenía que complementarse con nuestras vidas, porque los dos somos empresarios emergentes. Si no estuviéramos enamorados ambos de nuestras carreras, capaz que no estaría esperando un cuarto hijo.

Este año lancé mi cambio de imagen que fue un gran hito en mi carrera. Pasó de “Santa Clara” a “Clara Edwards” y me alivianó ene conflictos que tenía porque causaba confusión, me presentaban con otro nombre en los desfiles, era insoportable. Ahora todo es mas fácil, yo soy la persona que está detrás de la marca y ya he lanzado al menos 5 colecciones y estoy a punto de lanzar dos chiquititas. Estoy trabajando una línea más de día, que no lo hago hace muchos años porque estaba más enfocada en vestidos de fiesta. Me estoy lanzando con algo bien colorido y veraniego para ir a carretear, a una comida, a trabajar.

Me gustaría agregar que es clave creer en uno mismo. Nunca tuve a nadie que me ayudara monetariamente en un principio, pero lo que he tenido siempre, es gente que cree en mi, partiendo por mis papás y mi marido que me decían ‘dale, dale, tú puedes’. La vida me ha dado la confianza también; hice mi primera colección y me fue súper bien. Yo creo que nunca hay que dudar en el camino, hay que darle, darle, darle y en el camino vas a ir aprendiendo y se va a ir dando.

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